miércoles, 10 de diciembre de 2008

DE LAS CONSEJAS Y SECRETOS DE LAS LEÑAS

Alfanhuí conocía bien la leña. Sabía los maderos que daban llamas tristes y los que daban llamas alegres; los que hacían hogueras fuertes y oscuras, los que claras y bailarinas, los que dejaban rescoldo femenino para calentar el sueño de los gatos, los que dejaban rescoldos viriles para el reposo de los perros de caza. Alfanhuí había aprendido a conocer la leña en casa de su madre, donde también se encendía fuego, y supo que el fuego de su maestro era como el fuego de los tíos maternos, de los viajeros que llegaban vestidos de gris. Así llegó Alfanhuí con un brazado de leña escogida y se puso a encender el fuego. El maestro lo contemplaba desde su silla. Lo veía agachado junto a la chimenea, atento a su trabajo, miró sus tranquilos ojos de frío alcaraván; vio por fin, encenderse, viva y alegre, la primera llama de Alfanhuí y se le pusieron brillantes las pupilas y una sonrisa a flor de labios. Luego dijo:
- Nunca pensé, Alfanhuí, que llegarías a hacerme compañía. Para tu primer fuego, Alfanhuí, te contaré mi primera historia…
(Alfanhuí, Rafael Sánchez Ferlosio)

1 comentario:

ángel dijo...

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http://www.ucm.es/BUCM/revistas/fll/11319070/articulos/CFCG0707110249A.PDF

La Odisea como antecedente literario
de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio
Manuel SANZ MORALES
Universidad de Extremadura
[...]
“Ningún crítico ha tratado de estudiar cuáles podrían ser los «antecedentes fantásticos
» de Alfanhuí, aunque algunos han señalado, en general de una manera intuitiva e
imprecisa, a qué tipo de literatura fantástica se asemeja la novela de Ferlosio. La lista que
puedo citar es hasta cierto punto amplia:

los cuentos nórdicos (Francisco Ynduráin, citado por Fraile 1973: 125),
los cuentos surrealistas de Supervielle (Alborg 1958: 309),
las leyendas chinas o la fantasía oriental en sentido amplio (Alborg, ibídem; Nora 1970: 276),
los cuentos de Andersen
o el realismo mágico de los relatos de Bontempelli (Baquero Goyanes 1960: 22),
el Pinocho de Collodi (Soldevila 1980: 227)11,
Peter Pan (Nora 1970: 276;Soldevila, ibídem),
los Cuentos de Maldoror, de Lautreamont (Baquero Goyanes 1960: 22),
los Cuentos de un soñador de Lord Dunsany (Baquero Goyanes, ibídem; Nora 1970: 276),
Totó el bueno (Milagro en Milán), de Cesare Zavattini12 (Carrero Eras 2004: apdo. 2.1.3),
o «el tribunal formado por Ramón, Federico y Antoine» (Benet 1970: 11)13.”
[...]