lunes, 3 de mayo de 2010

CANCION DEL ARBOL



Entre todos los árboles bellos
que adornan la vieja Inglaterra,
los más esbeltos bajo el tibio sol,
el roble, el fresno y el espino son.
A los robles, al fresno y al espino
cantemos cuando llegue el estío
pues grandes son las cosas que obtenemos
del roble, del fresno y del espino.
El roble de la arcilla vivió años,
desde que Eneas se hizo a la mar;
el fresno de las margas era dueño
cuando Bruto se hizo un criminal;
el espino el llano de Troya vio,
y luego a Londres con su flor ornó:
roble, fresno y espino en igualdad
son testimonio de ancianidad.
El viejo tejo abriga cementerios
y proporciona arcos poderosos,
el aliso dio albarcas a la gente
y el haya de amplias copas fue la fuente.
Mas cuando la copa se abre en grietas
o el pie en el calzado encuentra queja,
hay que volver para cuanto es preciso
a los robles, al fresno y al espino.
El olmo odia al hombre y siempre espera
a que el desordenado vendaval
parta una rama en plena cabeza
del que a su sombra cobijado está.
Pero cualquier muchacho alegre o triste,
amodorrado o no por la cerveza,
nada debe temer si está dormido
bajo un roble, un fresno o un espino.
Callad al cura donde habéis estado
porque siempre os dirá que habéis pecado
por estar en el bosque por la noche,
inmersos en conjuros del verano;
pero os traemos hoy noticias frescas,
buenas nuevas al campo y al ganado:
desde el sur con tibio sol de estío,
llegan el roble, el fresno y el espino.
¡Cantad al roble, al fresno y al espino,
durante las mañanas del verano!
Inglaterra será fiel hasta el final
al fresno, al espino y robledal.
(Rudyard Kipling, Puck de la colina de Pook)