domingo, 7 de septiembre de 2008

POZO FUNERES, LA MEMORIA DEL TEJO - II PARTE





Lo conocimos en un encuentro casual en el corazón del bosque, por las tejedas de Peñamayor y regresamos juntos. Por el camino, Amable, que ha cumplido 88 años este pasado 1 de septiembre, nos fue enseñando las fuentes y contandonos mil cosas sobre la montaña y el bosque que tan bien conoce. A partir de aquí lo hemos visitado muchas veces y en cada ocasión hemos aprendido algo. Amable mantiene su memoria intacta y continúa plantando tejos como el de la foto, junto a las casas y cabañas y por doquier y protegiendo los viejos árboles de su pueblo. Entre otras, nos contó la historia del tejo secular bajo el que se celebraban las reuniones vecinales, en mitad del pueblo, antes de que trasladaran el ayuntamiento. Al pie de este árbol se celebraban también los juicios, "lo que se acordara bajo el texu era sagrado". Y justo al lado se encontraba el calabozo.
Después de siglos presidiendo la comarca, el tejo fue cortado un mal día, sin contemplaciones, para disgusto de Amable y otros paisanos. Aún hoy puede verse una parte del tocón que se resiste a desaparecer.
Pero entre las historias de Amable, la que hoy viene a cuento es la de su descenso a los infiernos. Como lo oís. Si en la entrada anterior relatábamos la tragedia del Pozo Funeres, es preciso añadir que Amable tuvo los arrestos de bajar hasta el fondo, con una cuerda a la que había amarrado unos estacones cada cierta distancia, para facilitar la subida. Una de las víctimas de aquella matanza había sido un jefe suyo en la mina al que tenía un gran aprecio y nuestro amigo tenía la sensación de que le quedaba algo pendiente.

Descendió los casi 30 metros de profundidad de la sima y no encontró mas que restos de algún animal. No sabía que pocos años antes, un bombero de Laviana había hecho lo propio rescatando algunos restos humanos. De cualquier forma Amable lo cuenta hoy con orgullo y todos los años se celebra junto al Pozo Funeres y a su tejo - testigo, una reunión como homenaje a las víctimas.

Es curioso, pero no es este un caso único de tejo y leyenda, creciendo al borde mismo de la sima, la cosa tiene su explicación. Pero lo dejaremos para otro día, cuando el viento del Sueve sople de nuevo en esta dirección.

2 comentarios:

ángel dijo...

"Érase un bosque no tocado por las manos del hombre desde tiempos inmemoriales, donde las ramas de los árboles se entretejían para formar un espacio de oscuridad y fría sombra, y al que no llegaba la luz del sol. No moraba allí el Pan rural, ni Silvano, dios de los bosques, ni las ninfas; pero allí rendían culto a los dioses con ritos salvajes,los altares atestados de espantosas ofrendas, todos y cada uno de los árboles rociados con cuajarones de sangre humana. Sobre estas ramas, si la antigüedad respetuosa de los dioses merece algún crédito, temían posarse los pájaros; bajo su espesura ni las bestias salvajes yacían; nunca el viento rozó ese bosque, ni las nubes negras arrojaron rayos sobre él; los árboles, aún cuando extendían sus ramas hacia la ausencia de brisa, susurraban entre sí. También el agua manaba en abundancia de oscuros arroyos. Las imágenes de dioses, torvos y rudos, estaban toscamente talladas en los troncos de los árboles. La leyenda decía asimismo que los huecos subterráneos bramaban y se estremecían con frecuencia, que los tejos caían y se alzaban de nuevo, que el fulgor del incendio venía de los árboles donde el fuego no había prendido, y que las serpientes se deslizaban retorciéndose tronco abajo. Las gentes nunca acudieron allá para rendir culto de cerca, sino que dejaban el lugar a los dioses. Cuando el sol está en el medio del cielo o lo llena la oscura noche, el mismo sacerdote tiene miedo y teme sorprender al Señor del Bosque."
(Lucano, 'Libro III, líneas 390-425')

de http://www.cozar.ws/_sombra_arboles.htm



DEPOSITO DE DOCUMENTOS DE LA FAO-Significado simbólico del bosque y del árbol en el folclore-J. Crews-
Judith Crews es especialista en literatura comparada y lingüística y trabaja actualmente como consultora de la FAO en Roma.

http://www.fao.org/docrep/005/y9882s/y9882s08.htm

Anónimo dijo...

Pese a quien pese, sólo manteniendo viva nuestra memoria podremos superar nuestros errores. Quien ignora que se ha equivocado no puede rectificar. Quien no reconoce su error no quiere rectificar.
Muchas gracias.
jm