miércoles, 7 de enero de 2009

Más allá de nuestro mundo existe una tribu de árboles que pueden sobrepasar con creces el milenio y continuar creciendo imperturbables y echando brotes y renuevos igual que cuando eran mozos. Viven en los lugares más apartados, secretos e inaccesibles, como si de una raza de brahmanes se tratara, que hubieran decidido retirarse del mundo para meditar. También los encontramos al lado de muchos templos y santuarios de los que fueron el germen original, cuando los árboles eran venerados y los hombres aún entendían el lenguaje de los pájaros.
Se trata como habréis adivinado de los tejos y hay que decir en honor a la verdad que sobreviven en los lugares donde aún no hemos podido llegar para cortar su preciada madera…
El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio decía William Blake en sus Proverbios del Infierno, pero finalmente el árbol viejo ni siquiera es el mismo, ni cuenta las mismas cosas cada vez que lo visitamos. El día de la foto, sorprendimos a esta hembra antediluviana (la de la foto del encabezamiento), adorando al sol y bebiendo sus rayos embebidos de niebla. Parecía que la eternidad se hubiera posado un instante entre sus ramas. Después de esto, la ciudad de los tejos quedó de nuevo silenciosa, quizá por otros mil años, hasta que otros visitantes osen hollar el misterio.

1 comentario:

Cecilia dijo...

Hola Ignacio, encontré tu bellísimo libro "La magia de las plantas" y lo estoy disfrutando. Qué sorpresa cuando vi que tenías un blog. Hablando de árboles añosos, hace un par de días estuve en Los Alerces, un parque nacional de mi país, donde hay especies milenarias y cómo vos decís muchas sorpresas. Un abrazo y gracias por escribir con tanta magia.