
Todos somos indígenas, pisamos la misma tierra y seguramente justo antes del fin comprenderemos que los problemas de la Tierra son nuestros problemas.
Los eucaliptos aborígenes, seres espléndidos y centenarios que se encuentran entre los más altos de la tierra, desaparecen, en sus regiones de origen, víctimas de la codicia humana. Mientras, ejércitos enteros de eucaliptos invaden enormes regiones de España, Chile, Argentina, Etiopía, Portugal, California, etc. etc. Una de las más terribles muestras de la globalización que nos consume.
Es cierto que secan las fuentes, empobrecen el suelo y terminan con la biodiversidad propia de cada región. Pero como recientemente nos contaba Paz Meulen, de la etnia Mapuche, para ellos y muchos otros suponen además el fin de la economía y cultura tradicionales. Más aún, el eucalipto secuestra el futuro, al implantar un cultivo que difícilmente puede reconvertirse. Una vez más, estados y compañías juegan al margen de los intereses de los pueblos y los territorios.
por si la maldición del eucalipto no fuera suficiente, los mapuches denuncian también la construcción de enormes presas que anegan sus valles, las tierras sagradas de sus ancestros, a cargo de compañías como ENDESA.